-Permiso, no te das cuenta que ocupas el paso?!- Grito
furioso una voz que le sonó un tanto familiar. Tenía los ojos bastante
empañados por sus lágrimas, se seco rápidamente con las manos y miro al hombre.
Su cara fue épica, así como nada le estaba hablando muy enojado y retándola la
persona que soñaba todas las noches conocer, el hombre perfecto para ella, el
ideal. La estaba retando Pedro… Pero sin embargo no era momento para confesarle
todo lo que tenía pensado decirle, era momento para callar y decir – perdón-. El
la miro a los ojos, más allá de sus ojos llorosos. Algo lo motivo a decirle
–Por que lloras?- El corazón de Paula latía a mil pero solo atino a decir –
Nada, me robaron y no pude conocer a… - Quedo en silencio. –A quien? – Ella sonrió
y dijo con voz tímida – A vos. Pedro la miro con ternura y le ofreció su mano
para pararse. Se miraron los dos, si fuera por el se quedarían hablando horas y
horas pero su agenda ocupada lo impedía así que le beso la mejilla y le dijo
Chau.
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